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Frases de Ovidio

 Publio Ovidio Nasón, más conocido como Ovidio, nació en un pequeño pueblo de Italia en el 43 a.C. y murió en el 17 d.C. Fue un famoso poeta romano.




Si quieres casarte bien, cásate con una de tu igual.

No puedo vivir contigo, ni sin ti.

Para elegir un marido, mujer virtuosa consulta su corazón, no sus ojos.

Feliz es el hombre que ha roto las cadenas que lastiman la mente, y ha dejado de preocuparse de una vez por todas.


La gota horada la roca, no por su fuerza sino por su constancia.


Pequeña virtud es guardar silencio sobre algunas cosas; mas hablar de lo que debiera callarse es culpa muy grave.

El duelo suprimido sofoca. Hace estragos dentro del pecho y está forzado a multiplicar su fuerza.

¿Qué es el sueño sino la imagen fría de la muerte?

No se desea lo que no se conoce.

Lo que merecidamente se padece debe ser soportado con calma, pero cuando el dolor no es merecido, demos resistirnos.

Siempre nos esforzamos por lograr lo que está prohibido, y codiciamos lo que se nos niega.



La suerte afecta todo; echa siempre el anzuelo al agua. En la corriente donde menos lo esperas, habrá peces.


Las cítaras, las flautas y las liras excitan el alma.

La suerte hace amigos.


Nada es más útil al hombre que aquellas artes que no tienen ninguna utilidad.


El que ha naufragado tiembla incluso ante las olas tranquilas.


Vive sin envidia y sin desear más que tranquilidad gozosa muchos años, en amistad con tus iguales.


Ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed.


La belleza es un bien frágil.

El camino más seguro es el del medio.

El arte es ocultar el arte.


A una inteligencia pervertida, cualquier cosa la corrompe.

Hay en nosotros un Dios y una relación con los cielos.

El egoísta tiene su corazón en la cabeza.

Compra lo necesario, no lo conveniente.


El alma descansa cuando echa sus lágrimas; y el dolor se satisface con su llanto.


El hábito crea la costumbre.

No hay nada más poderoso que el hábito.
 
Mucho amor germina en la casualidad; tened siempre dispuesto el anzuelo, y en el sitio que menos lo esperáis encontraréis pesca.

Apresúrate; no te fíes de las horas venideras. El que hoy no está dispuesto, menos lo estará mañana.

En los campos ajenos, la cosecha siempre es más abundante.

La manera de la sombra que acompaña a los que caminan por el sol, y que, cuando éste se oculta tras las nubes, los abandona ; así, el vulgo tornadizo sigue a sus favoritos durante el esplendor de su fortuna, mas una vez que ésta se esconde entre las nubes, se aleja de ellos.


Todo amante es un soldado en guerra.

Agudas saetas han atravesado mi corazón; que el cruel Amor opera ahora en país conquistado. ¿Me rendiré, o bien, con mi resistencia, aumentaré aún esta súbita llama?


El amor a la patria es más patente que la razón misma.

La abundancia me hizo pobre.

El vulgo estima a los amigos por las desventajas que pueden obtenerse de ellos.
Aprender es lo correcto, aunque sea del enemigo.

No os entreguéis por demasiado a la ira; una ira prolongada engendra odio.
Las causas están ocultas. Los efectos son visibles para todos.

El tiempo, carcoma de cuanto existe, y tú, ¡oh, Antigüedad envidiosa!, todo lo destruís y después que las dentelladas de la edad lo han desfigurado, poco a poco, con lenta muerte, lo reducís a la nada.

Aunque estoy caído, no caí tanto que esté también más bajo que tú, que yaces en lo más abyecto de todo.

Las cosas lícitas son insípidas; lo que estimula sabrosamente es lo prohibido.
El dulce reposo no sólo da vigor al cuerpo, sino también al espíritu, pero el trabajo abrumador va corroyendo las fuerzas de uno y otro.

Hay un camino en lo alto, visible en los cielos transparentes, llamando la Vía Láctea, que resplandece con brillo propio. Los dioses van por ella a la morada del gran Tonante y su residencia real… Allí los famosos y poderosos habitantes del cielo han sentado sus reales. Esta es la región que podría atreverme a llamar la Vía palatina del Gran Cielo.

Sed paciente y duro; algún día este dolor te será útil.

Para gustar, cuídate de ti mismo. Lo que ella te pide es lo que teme conseguir: Que cese en su conquista; lo que no te pide es lo que desea.

El amor ausente se desvanece y uno nuevo toma su lugar.

El amor, como la tos, no puede ocultarse.

El amor es una especie de guerra.

El amor es como un servicio militar.

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